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lunes, 15 de noviembre de 2010

Pastelina Vengalina/Haciendo el destino/Continuación.










El sol asomaba y Pastelina paró su moto frente a un camino de tierra, a su derecha, pudo observar un cartel que decía “El roedor”. Pastelina zarandeo suavemente el triángulo celeste…”Gato: despertate, ya llegamos”.
Eran las 6 a.m. y, al entrar al pueblo, lo primero que llamó la atención de nuestra heroína fueron dos panaderías que se encontraban frente a “la plaza”. Dos esquinas enfrentadas, una muy moderna, la otra detenida en el tiempo. “El progreso” y “La esperanza“. Pastelina se quedó sentada en su moto largo rato, con todos sus trastos y “Gato” a cuestas. Observo y observo hasta las 10 a.m aproximadamente… La gente del pueblo entraba en un 90 % a “El progreso” y el 10 % restante a “La esperanza”.(Pastelina creía haber olfateado su nueva misión). Se bajo de la moto y, con “Gato” a sus espaldas, fue a proveerse del desayuno del día. Entró a una panadería y compró ¼ kg. de pan de salvado, cruzó la calle hasta la otra panadería y compró 1/2 docena de facturas. Pastelina siguió camino en búsqueda de un nuevo refugio para los dos. Una gran casa convertida en hostería fue el lugar elegido. En ese momento, nadie estaba parando allí así que, conseguir la habitación del altillo, fue tarea fácil. Pastelina se instaló con sus pocos trastos. El día transcurrió y ya entrada la noche… Pastelina se sentó en un antiguo sillón de un cuerpo que daba a una amplia ventana. Frente a ella tenía la imponente vista de los cerros “Las avellanas”; se quedó quieta, meditando. La noche estaba estrellada y, a través de la ventana, corría una leve brisa fresca. Gato se subió a su regazo y la acompaño en sus pensamientos. “Gato”, dijo Pastelina, (el gato paró sus orejas), “Ya tenemos nuestra misión”. Pastelina tomó a Gato con una mano, se levantó, tomó su anotador y lapicera; luego volvió al sillón.
“Volver a ambas panaderías y hablar con los empleados”.
“Comprar cuernitos en una y en otra”.
“Averiguar quienes son los dueños”.
“Desde cuando están”.
“Cuantas personas trabajan”.
“Proveedores”.
“Clientes”.
“Comprar alfajorcito de maizena”.
A lo largo de una semana Vengalina recolectó mucha información interesante. Cercano al pueblo se encontraba un río, el río “Sauvignon”… Pastelina solía pasar, junto a Gato, las tardecitas a orillas del río, comiendo algo de “El progreso” o de “La esperanza “ y sacando conclusiones.
Luego de dos semanas el panorama comenzó a estar más claro.
Primero: a nuestra heroína los pantalones comenzaron a tirarle un poco.
Segundo: Pastelina amaba ese lugar.
Tercero: “La esperanza “ tenía un nivel muy superior que “El progreso” en sus productos y los precios eran muy similares.
“¿Qué hace que el progreso venda más????????”, escribió nuestra heroína y lo subrayó una y otra vez.
Volvió a escribir:
“La esperanza “, dueños padre y madre; padre ya fallecido.
“El progreso”, dueño hijo de ambos- ENEMISTADO.
/Al parecer, el hijo de los dueños de “La esperanza “ enemistado con su padre, (cuando aún vivía), por su poco entusiasmo hacia el trabajo, (era un vago), se mandó a mudar y “tranzando” con el municipio del pueblo, instaló “El progreso”. Dicho hijo trato de recrear las recetas de su padre, pero el pobre sentía tan poca pasión por el oficio, que el resultado fue mediocre. “El progreso” deslumbro a la gente del pueblo por su llamativa marquesina y por los uniformes anaranjados que llevaban sus empleadas. Don Roque, dueño de “La esperanza“ falleció al año de que su hijo abriera la competencia frente a sus propias narices. Doña Elvira, su mujer, siguió frente a la panadería junto a “Quique” y a “el paisa”, sus dos “grandes” fieles confiteros/.
Nuestra heroína cerró la libreta de anotaciones. Ya tenía un plan en mente.
Una mañana... Pastelina fue hasta “La esperanza “ y le pidió a doña Elvira trabajo…le imploró y arregló trabajar a cambio de la comida. Vengalina quería aprender de la mano de dos talentosos anónimos y, al mismo tiempo, cumplir con su cometido.
Con el pasar de los meses, el trio de trabajo se fue amalgamando, compenetrando…Pastelina aportó su toque femenino no solo en las preparaciones sino también en el ambiente. Incorporó música, luz, flores, sus cantares desafinados y a “Gato” que los observaba día y noche detrás del mosquitero de la puerta trasera del área de producción. El aire se respiraba distinto. Sus compañeros y doña Elvira sonreían más a menudo. Cierto día, Patelina les propuso a sus compañeros incorporar algunas técnicas nuevas de trabajo. Los tres al unísono asintieron y Gato esbozo un gesto de aprobación. En “La esperanza”, las ventas iban de mejor en mejor, de mejor en mejor!.
Un día doña Elvira llamó a nuestra heroína por la puerta trasera, quería decirle algo.
-D. Elvira: “Mirá Pastelina, desde que vos llegaste, el local vende 9 veces más que antes”.
-Pastelina: “Ahaaaaaaa”.
-D. Elvira: “Vos no solo reviviste al local, le diste un toque mágico a mi vida, a la de Quique y a la del paisa…..Nos hiciste volver a creer. Mmmmm, Pastelina, quiero proponerte que vos estés a cargo de “La esperanza””.
-Pastelina: “Mire Elvira, hoy me llamaron de la ciudad…tengo un grave problema que resolver. Hoy mismo tengo que partir”.

A la madrugada siguiente Pastelina partió.
Antes de dejar el pueblo... Arriba de su moto, con todos sus trastos y "Gato" a sus espaladas, Vengalina se detuvo a lo lejos de ambas panaderías. Pudo observar a el hijo de doña Elvira, en la puerta de su propio local, completamente apesadumbrado. Miraba al local de sus progenitores.
Con lágrimas en sus ojos, Pastelina pensó:
“Esta vez mis pasteles aleccionadores no fueron necesarios”. Y partió a todo lo que da. Nuestra heroína también estaba empezando a creer.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Pastelina Vengalina/Haciendo el destino.


Nuestra heroína se hallaba desorientada. No olfateaba su nuevo rumbo….ni tampoco sus informantes le acercaban buen material. Pastelina compró reservas en el supermercado chino del barrio, (si aún se lo podía llamar barrio) y, dentro de su lecho, entró en un periodo de meditación y encierro. Pastelina se encontraba cansada de su rutina de misiones; si bien en estos 10 años todas habían sido distintas no dejaban de ser parte de una rutina. Pastelina se levantaba cuando sus ojos se abrían, caminaba por su galpón en sus pijamas poco convencionales, comía cuando su estómago se lo pedía, observaba el exterior por su ventanusca rectangular y volvía a su submundo.
Vengalina llevaba así ya unos cuantos días….no llevaba la cuenta de soles ni lunas. Cierto día un sonido llamó su atención. Lo siguió, lo siguió hasta que llegó al extractor circular que tenía en la parte superior de una de sus paredes. Pastelina acercó su pesada mesa de trabajo y se trepó. No llegaba a ver qué había más allá, desde donde provenía aquel sonido. Buscó una banqueta y la puso sobre la mesa. Se trepó a la mesa, luego a la banqueta y asombrada pudo observar a un felino que asombrado también la observaba. Pastelina no supo que hacer….no esperaba encontrarse con tan inesperada situación. El gatuno estiró una de sus patas delanteras a modo de “agarrame”; así nuestra heroína no pudo dudar y lo tomó. Vengalina bajó con el gato a upa y lo apoyó en el suelo. Gato de mediana edad, grisáceo de pelo suave y algo largo…ojos amarillos, cuerpo regordete, cara de sabiondo. “Miau, miauuuuu”, “miaaau, miaaaaaaau” y el gato la miró a Pastelina. “Gato, gato, no te entiendo…..¿qué querés?????”. Pastelina se calzó las ojotas, se cubrió con un tapado de pana azul y bajó en búsqueda de comida para el animal. Ya en su galpón, le puso leche en un tapper pequeño y comida gatuna tipo “piedritas” en otro. El gato, con cola erguida y remoloneante, se acercó gustoso a sus tachitos. Pastelina se sentó en su cama y lo observó comer y beber.
Pasaron los días. En sus blocs de trabajo, Pastelina dibujaba figuras sin sentido. El gato gris la seguía a donde ella fuese. Un día Pastelina decidió cocinarle al gato comida real, con aroma. Salió de compras y, de paso, compró material suficiente para hacerse una pequeña comilona. El gato, echado sobre la mesada de trabajo, la observó atento y sorprendido. Pastelina puso música clásica y, con delantal de cocina y gorro, descontroló. Pastelina se dejo llevar y compenetradísima con aquel momento culinario dio todo de ella. El gato pudo ser testigo de un espectáculo único. Luego de ensuciar gran cantidad de sartenes, ollas, tappers, utensilios, tablas, bowls y demás, Pastelina le presentó al gato su comida. Un plato con hígado, cebolla, verdeo y puré de papas…mmmmmmmm desprendía un exquisito aroma!. El gato se acercó curioso y espectante. Pastelina se sirvió lo suyo y se sentó en la mesa, junto al gato. Comieron en silencio. "Gato" terminó de comer y se subió a la falda de nuestra heroína. “Mmmm…¿te gusto gato?”, le preguntó Pastelina mientras palmeaba el lomo del animal. “Mmmmmmmiiauuuuuu…miau”. Pastelina lo miró y supo que mañana partirían. Ya era hora de buscar al destino. Esa misma noche Pastelina preparó sus trastos. Entrada la noche desplegó sobre la mesa un amplio mapa. Lo puso a “Gato” sobre el papel y le dijo: “Gato, ¿hacia dónde vamos?”. El gato camino lento hasta que puso su pata derecha sobre un punto. Pastelina miró: “El roedor”; nunca había escuchado sobre dicho pueblo pero mañana mismo partirían con rumbo conocido.
Siendo las 5 a.m. Vengalina se vistió y se calzó su piloto verde opaco. Cargó todo el equipaje en la moto. Tomó un viejo “triángulo” celeste que tenía en el ropero, lo calzó a “Gato” en él y se lo puso por las espaldas; lo anudo por delante. Se calzó las antiparras de aviador y chequeó que estuviera el mapa en su maletín de cuero marrón. “Gato, ¿estas listo?”.“Miaaauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu”. Pastelina encendió la moto y partió a todo lo que da. Continuará…

domingo, 21 de marzo de 2010

Pastelina Vengalina/Tras el ladrón de zuecos...La continuación.










El galpón de Pastelina se encontraba a oscuras. “Pip-pip, pip-pip, pip-piiippp. Pip- piiiiiippppppp, pip- piiiiiiiiippppppppppppppppp……pip- piuuuuuuuuuuuuu u u u”, Pastelina manoteó el reloj despertador y lo revoleó hasta donde su brazo dormido le permitió lanzar. Pastelina tenía una nueva jornada por delante. Mal humorada, tanteó el velador que tenía junto a la cama, sobre el piso; lo encendió y se sentó en la cama. Su cabellera estaba revuelta, algo típico en ella…Pastelina se quedó mirando ningún punto en particular. Pastelina recordó su día anterior, tomó noción del tiempo y del espacio…se mal humoró un poco más. Pastelina acostumbraba dormir poco, no porque no quisiera… (Pastelina es de esas personas que necesitarían un día más largo o una inquietud un poco más aplomada.) Vengalina estaba acostumbrada a esta vida de “miseria citadina”: tenerlo todo y no tener nada…Un trabajo, comida, techo, ropa....una misión….amigos….pero muchas veces se preguntaba si con todo ésto era realmente feliz. Pocas eran las veces que Pastelina se detenía a pensar en ella…pocas las veces que podía disfrutar de un atardecer, de un mate; pocas las veces que podía disfrutar de compañía masculina. Pastelina tenía “ésta” sensación de ser una heroína dentro de una heroína y así cuando miraba en su interior se veía desdibujada.
Pastelina miró por su ventana de 20 cm por 60 cm, (una especie de visor al exterior), y pudo ver como diluviaba… “Mierda, mierda, mieeerda”. Se lavó los dientes, la cara, ató su cabello con una bandita elástica y se puso doble desodorante. Luego, fue hasta su cama; de un pilón de ropa, tomó un pantalón a cuadros de cocina, una remera, separó un par de medias negras con lunares turquesa y fue hasta el placard. Buscó las botas de lluvia verde militar, se sentó en la cama, se puso las medias y luego las botas….Se levantó y fue hasta el perchero que tenía junto a la puerta de entrada. Tomó el piloto verdoso opaco plástico y se lo puso; abrochó los brochecitos de metal color bronce hasta por debajo de sus rodillas. Tomó su bolso de cuero marrón, sus gafas de aviador, su casquete y, con llaves en mano, salió apresurada.
(En los días subsiguientes...)
20 días continuos de lluvia torrencial azotaron a la ciudad. Pastelina se sumió en su trabajo y en su misión. Pastelina gustaba de la lluvia….gustaba de ver a la gente corriendo por las calles, huyendo de los lugares comunes. Su investigación en el caso de “Los zuecos vengalines” se basó básicamente en averiguaciones telefónicas e hipótesis…Pastelina se hallaba desorientada, no tenía información concreta de donde agarrarse…solo seguían apareciendo nuevos casos de "desapariciones." A la salida de su trabajo, la Confiteria “La comarca”, Pastelina deambulaba, enfundada en su equipo "anti lluvia", por la ciudad. Iba con su motoneta de los 40´, en búsqueda de alguna pista, de algún movimiento extraño. Cierta tardecita, Pastelina paró con su máquina en una esquina y se quedó allí obsevando el movimiento de la calle…Pastelina vió pasar en un río de agua infinidad de elementos: una alpargata, un vaso blanco descartable, colillas de cigarrillo, una medibacha, un papel de alfajor…un grillo chapoteando, retorciéndose….Pastelina se movió en su asiento, se bajó las gafas…La lluvia no la dejaba ver bien, sin embargo, pudo ver como el grillo siendo arrastrado por el agua, se alejaba. Pastelina se tomó la frente con una mano, se enjuagó los ojos empapados por la lluvia y sacó de su bolso un pastelito “no vengalin”…un pastelito al mejor estilo Pastelina…una delicia para renovar su estado de desgano. Vengalina disfrutaba su pastel bajo la lluvia…la felicidad la invadía...De pronto, un Fitio rojo pasó a su lado…Pastelina lo vió pasar de refilón….”Fitio”, “Fitito rojo”……”FITITO ROOOOJO!!!!!!!!!!!” , Pastelina reaccionó y algo en su interior le dijo: “Seguílo, seguílo!!!”. Pastelina guardó su pastel comido en uno de los bolsillos de su piloto, se puso nuevamente las gafas y arrancó la motoneta de manera torpe y alocada. La noche estaba avanzada y Pastelina comenzó a seguir al vehículo… Una calle y otra, doblar y otra calle y un semáforo y otra calle….Pastelina trataba de ver por entre las gruesas y tupidas gotas quien manejaba el auto…pero no lograba hacerlo. Pastelina manejó casi ciegamente durante un largo rato…perdió noción del tiempo y del espacio. La lluvia se deslizaba por sobre su piloto de goma duro, sus guantes de quehaceres domésticos color naranja, le habían resultado de maravilla durante estos días apocalípticos. Finalmente, el auto se detuvo. Con cautela, Vengalina frenó la motoneta y se acobacho en la esquina…observó. No sabía donde se encontraba. Las calles estaban en completa soledad. El asfalto era ancho y las casas se encontraban espaciadas. Algunos lotes de la cuadra estaban vacíos y otros eran ocupados por fábricas. La puerta del Fitito rojo se abrió y un señor petizo y robusto descendió. Vestía sobretodo negro y sombrero de vestir también negro. Abrió la puerta trasera y tomó dos paquetes de cajas encintados. “Cajas de zapatos”, pensó Pastelina. Un gato rozó la pierna de Vengalina y luego salió corriendo…se perdió en la oscuridad. Pastelina se enfocó en aquel extraño sujeto. Estaba entrando en una doble puerta de hierro negro. Las puertas se cerraron. Pastelina se quedó espectante, perpleja…inmóvil en su motoneta. Una lámpara colgaba por sobre aquella puerta de hierro y Pastelina pudo observar que allí había un cartel. Pastelina comenzó a avanzar sentada en su motoneta apagada….se fue acercando. “Ggggg…Gooo...Gooooniiiii…”, “Goni!”, leyó “GONI”. Pastelina se acercó lo más que pudo y bajó de la motoneta. A un costado de la puerta, casi pegada a la vereda, había una pequeña ventana enrrejada. Pastelina se tiró al piso. Adentro estaba iluminado….Pastelina lo vió todo. Máquinas, mesadas, estantes repletos de zuecos estropeados, otros brillosos, papel madera con bosquejos, rollos de cuerina…planchas de cuero, gomas, pegamentos, lápices, pomadas, cepillos... El señor extraño entró al cuarto. Apoyó las cajas en una de las mesas, se sacó el gorro, el sobretodo y los colgó en un alto perchero de madera oscura que se encontraba en un rincón. El hombre se sentó en una banqueta alta, junto a la mesada en la cual había apoyado las cajas. Con sus manos, se tomó de la barbilla, luego tomó un cuchillo “Tramontina” que había en la mesa y cortó los hilos que ataban a las cajas. Comenzó a abrirlas y a sacar "Zueeecos gaaastronóoomicooos". Pastelina abrió bien grandes sus ojos…se bajó las gafas de aviador y las dejo colgando de la goma negra que las sostenían de su cuello. Pudo observar que los zuecos estaban sucios…estropeados….tenían uso…..”Estan usados!”, “Este hijo de puta!”, pensó Vengalina. El señor tomó un par de zuecos azules y comenzó a acariciarlos, “Papi te va a a hacer renacer, hermoso”, dijo. Pastelina se incorporó….su cara tenía un gesto nuevo, indescriptible, una conjunción de sensaciones horrendas…Tomó su motoneta y retrocedió apresurada, confusa. Volvió a la esquina que la guarecía. Pastelina no lo podía creer….”GONI” era la empresa de zuecos gastronómicos más cara del país. "Éste tipo debe ser “Nestor Goni”, el multimillonario de los zuecos gastronómicos", pensó. Pastelina se quedó perpleja unos instantes hasta que finalmente puso en marcha su motoneta, se calzó las gafas y arrancó. Pastelina se abrió camino en la lluvia.
(Una lucecita se veía avanzar en las calles mojadas y desoladas...)
“Menos mal que mis zuecos de reptil verde me los trajeron de Ucrania”, pensó Pastelina mientras volvía a casa. Pastelina siguió camino sabiendo dos cosas: una que “Este señor era un claro caso merecedor de sus pasteles aleccionadores” y otra que “Mañana debería volver a trabajar a “La comarca”.

martes, 2 de febrero de 2010

Pastelina Vengalina/Tras el ladrón de zuecos.


Hacía cinco meses que Pastelina estaba trabajando en aquel sucucho…Subsuelo oscuro, falto de aire, de 8 mts. por 8 mts.; dos ventanuzcas rectangulares daban al exterior. Todas las mañanas Vengalina entraba a las 5 a.m. Llegaba a aquel lugar muy dormida y desaliñada…pero en ése sitio nada de eso importaba, sobre todo, teniendo en cuenta que todos sus compañeros eran hombres. Luego de ser rechazada innumerable veces por su sexo, su sueño de trabajar en una confitería esta vez se había concretado.
Eran las 6 A.M y sonaba la radio “A.M. Merengue 88.8”…Vengalina tenía puesta una remera suelta color verde, pantalones de cocina azules con rayas blancas , sus zuecos de reptil verdosos y un delantal blanco agujereado…en el cabello una bandana roja. A los tumbos, bajó por la angosta escalera con las grandes placas negras para estibar el pan de mitad de mañana. A ésa hora el calor ya se sentía sofocante. Como era costumbre, faltaba “Churrinche” uno de sus compañeros. Mendocino él, tenía graves problemas con el despertador. Sus cinco compañeros ya estaban en pleno movimiento como si fueran las 12 del mediodía. En la radio el locutor se escuchaba: “Hoy en A.M. Merengue para todos nuestros oyentes nostálgicos...hoy, hoy los deleitaremos con los mejores temas de la década del 50 y del 60…Y la consigna del día para todos ustedes es: ¿Cuál fue el lugar más dulce donde hicieron el amor con vuestras parejas???...Llámennos y cuéntennos su historia…”. Pastelina miro hacia atrás….sus compañeros se sonreían...El tema “Fever” de Elvis Presley sonó en la radio. La puerta trasera golpeteo... era “Churrinche”….su manera de cerrar la puerta era inconfundible.
Pastelina fue al lavatorio que tenían en un rincón, se mojó la cara y siguió bollando los panes.
“Malditos, malditos”, apareció Churrinche por las escaleras.
Estaba en patas, vestía shortcitos azules con amarillo y su torso estaba desnudo.
“¿Donde me escondieron los zuecos amigos????".
Todos se miraron con mirada entre cómica y seria.
“Nadie te escondió nada Churri”, le dijo el Malevo.
“No me jodan amigos que hoy no tengo un buen día…me quede dormido amigos…Denme mis zuecos”.
(Pastelina se mordió los labios).
“En serio Churri, nadie te tocó nada amigo…No te estamos jodiendo”, le dijo el Malevo.
Ése día el Churrinche tuvo que trabajar en ojotas….Nadie había tocado nada de él, éso era cierto. A mitad de mañana Pastelina comenzó a despabilarse. Escuchaba la radio atentamente. “Bueno mis queridos oyentes…aquí nos llamó nuestro oyente Nestor y, contestando a la consigna del día, Nestor nos cuenta que para él el lugar más dulce donde hizo el amor fue en su primer “Fitito” color rojo, dice que nunca lo olvidará………a su Fitito…………”.
Todos se sonrieron y comenzaron a hacer comentarios subidos de tono….Pastelina se fue, su cabeza se fue….comenzó a conectar hechos, situaciones, imágenes….”Fitito rojo, zuecos, Fitito, zuecos, faltan zuecos, zuecos, “…dónde están mis zuecos...””….. Pastelina se dio cuenta que la situación de aquella mañana con los zuecos ya la había vivido una infinidad de veces….Rápidamente comenzó a recapitular. En ocho segundos su cabeza recordó unas 30 situaciones idénticas. Gente que llegaba a su ámbito gastronómico y cuando iba a buscar su uniforme….los zuecos faltaban…habían "desaparecido". “Fitito…el Fitito rojo….”.Muchas veces Pastelina se había cruzado con un misterioso Fitito rojo en los últimos años…..¿Tendría algo que ver aquel Fitito rojo con las desapariciones de los zuecos????. Pastelina tenía un largo y agotador día por delante, sin embargo, no veía la hora de llegar a su guarida, pegarse un baño y comenzar a ahondar en éste tema. Vengalina presumía que un ladrón de zuecos estaba rondando y tocándole la oreja a la gente del gremio… ¿Una nueva misión estaba en puerta?.
3 p.m Pastelina subió las escaleras y salió a la calle. El sol la cegó. Sacó de su bolso de cuero marrón sus grandes gafas oscuras y se las colocó. Reacomodo los zuecos que tanto amaba en el bolso y, aún con ropa de trabajo, se subió a su nueva adquisición: una motoneta de los años 40.
Pastelina abrió el pesado portón de metal y dejo su bolso en el piso, a un costado. Encendió el ventilador de techo, fue hasta el baño y se dió una ducha bien fria. Se puso su remerón rayado preferido, fue hasta la heladera, tomó una botella de agua y caminó hasta su gran escritorio negro. Se sentó en su silla con forma hongo, prendió el velador estilo ingles color verde, tomó un pilón de hojas en blanco y su birome color verde oscuro con dorado. Comenzó a anotar: “10 años…..lugares por los que pasé…..lista compañeros de trabajo…..lista proveedores…..a quiénes le faltaron zuecos….números telefónicos de compañeros….llamar compañeros…llamar informantes...¿Fitito rojo??????”……Pastelina comenzó a hacer el dibujo del Fitito….Pastelina dibujaba muy mal, sin embargo, los dibujos la ayudaban a pensar mejor…..No sabía porque pero aquel Fitito se le había metido en la cabeza…
Luego de 4 horas de anotaciones y llamados Pastelina no soportó más el ruido que hacían en la construcción que tenía al lado …. Hacía ocho años que vivía en ése barrio pero en todo ése tiempo las construcciones fueron creciendo día a día….El barrio se había transformado, poco a poco, en ciudad… El olor a cloacas era insoportable, el ruido constante y los cortes de luz cada vez más seguidos. Por las noches se podía escuchar el sonido de las ratas muy claramente. Su lecho había quedado en medio de dos grandes edificios…Por momentos Pastelina no reconocía su barrio y el pensamiento de irse un día y no volver más la perturbaba a diario. Pastelina apago las luces de su gran mono ambiente y se tiró en su amplia cama. Dormir era lo único que cambiaba su mal humor.
Su “teléfono/vengalín” sonó en medio de la oscuridad. Pastelina atendió, no sabía ni que hora era…
“Siiiii…”, su voz sonaba pésima.
“¿Pastelina?”, una voz susurrante se escuchó del otro lado.
“¿Pollo?”.
“Si, soy el Pollo Pastelina. Escuchame, tengo algo que te va a interesar…”.
“Decime, decime Pollo”. Pastelina se acomodo en la cama…acomodo su garganta y se rasco la cabellera revuelta.
“En el restaurante “Lo de Chicho”, ¿lo tenes…?".
“Si, si….¿el que está en el barrio Los Mandarines…?".
“Si, ése Pastelina….Ahí tengo un amigo trabajando, él está en los fuegos…Bueno, asunto que hoy después de cortar con vos lo llamo y me cuenta que ayer cuando llegó al trabajo le faltaron los zuecos….”.
“Ahaaaaa…..¿Y de que color eran…que modelo era…hacía cuanto los tenía Pollo?". Pastelina estaba un tanto exitada.
“No se tanto Pastelina…Si le preguntaba todo éso iba a sospechar de mi…”.
“Escuchame Pollo, lo llamas a tu amigo cocinero, lo invitas con un par de tintos y me averiguas todo…Me oíste, ¡tooooooodo!”. Pastelina colgó su teléfono “vengalin” y se le cayó a la mierda. “Mierda, mierda, mierda”. Lo acomodó y lo colocó en el piso. Pastelina se quedo sentada en la cama pensando. La oscuridad no la dejaba ver con claridad. Pastelina manoteó su reloj despertador y prendió la lucecita. "Las 3...mieeerdaaaaaaa, miiierrrrdaaaaa...en una hora tengo que levantarme".
Continuará...

sábado, 2 de enero de 2010

Pastelina Vengalina/El catering.










A la semana de entrar al Catering ya pudo vislumbrar su cometido, sin embargo, debía esperar un tiempo prudencial para no cometer un acto apresurado. Vengalina, siempre tenía en su interior esta duda existencial del “deber y el querer”; ¿hacer justicia? o ¿disfrutar de su vocación, empaparse de nuevos conocimientos y situaciones?. En sus misiones, Vengalina muchas veces hubiese querido quedarse mucho más tiempo del necesario pero, si lo hacía, menos de sus sufridos compañeros gastronómicos se verían beneficiados por su "dulce" justicia.
Vengalina logró entrar a aquel Catering luego de dos años de intensos seguimientos y cautelosas investigaciones. Fue a parar al área de pastelería en el primer piso, desde donde se podía observar la planta baja: el sector de sus compañeros "cocineros". El catering le resultó interesante a nivel infraestructura y volúmenes pero rápidamente se dio cuenta que a cuanto mayor volumen, menor calidad humana. Su “jefa” no solo era garca sino que también era terriblemente descortés, infantil y estaba llena de comentarios desagradables. Pasaba las horas en su "office" vidriada, cuasi pecera, divagando en su computadora color rosada. Con su lapicera, también rosada, urgueteaba dentro de sus orejas y cada tanto señalaba a alguno de sus compañeros y se reía de manera desagradable. "Una actitud bastante equivocada para estar a la cabeza de un grupo", pensaba Pastelina. Sus compañeros, no eran un equipo de trabajo; solo eran individualidades sumidas en su perímetro de trabajo…El clima era áspero y tenso. No se percibía un verdadero clima “Gastronómico”; los pasteleros de allí parecían desalmados…les faltaba ánimo, pasión y vocación, (para Pastelina, "Un insulto al oficio de la cocina"). Su corta estadía allí ya parecían meses y hasta años. Pastelina no se sentía cómoda en aquel lugar y no era la única, (podía percibir ése sentimiento en otras miradas). El enorme techo de tinglado de la planta de producción por momentos se desdibujaba y parecía venírsele encima leeeeeeentamente. El incipiente calor de la época del año parecía sofocarla y muchas fueron las veces que Pastelina debió escapar al baño para estar a solas y sentir un poco de aire. Una vez segura de su cometido, Vengalina optó por el plan intermedio: el plan “Sweet”. Hablaría con su jefa y trataría de hacerle la “psicológica” hasta doblegar su equívoca actitud pero "la perra rosada" se mostró reacia y grosera ante el plan “dulce” de nuestra heroína. Vengalina no estaba dispuesta a perder más tiempo. No la estaba pasando nada bien; iría directo al confite...
Luego de soñar a su jefa ocho noches seguidas, Vengalina decidió que el 8 de ése mes aplicaría el plan “Pastel Vengalín”. Solo faltaban 8 días y todo acabaría. Haría honor a todos sus tiernos y hermosos recuerdos de precoz pastelerita. A la mañana siguiente un inesperado e imprevisto suceso ocurrió: al llegar a su trabajo Vengalina, azorada, pudo contemplar, junto con sus compañeros, como la planta del catering se había incendiado en su ¾ partes. Su misión… su misión se había complicado.
La empresa tuvo que implementar un plan de emergencia. Todos debieron concurrir a otro centro de elaboración. Vengalina debió viajar 4 hs. por día sumadas a sus 10 hs. de intenso y agotador trabajo; tomar dos medios de transporte y caminar 18 cuadras de ida y 18 de vuelta. Vengalina, temió flaquear…pero su conciencia le decía que no podía abandonar a sus compañeros pasteleros en ése duro momento. Su misión parecía perder forma. En su provisorio espacio de trabajo tenía un gran y atractivo espectáculo que desviaba su atención: por las ventanas de la antigua cocina, a través de los mosquiteros, se podía observar un aeródromo. Pastelina prolongó aquellos largos días con la fantasía de que algún día pudiera subirse a una máquina voladora y ver todo desde las alturas. Los días pasaron…
Todos podrían volver a la planta de elaboración, pero solo al sector de pastelería, el menos afectado por las llamas. Los cocineros trabajarían allí de día y los pasteleros lo harían de noche. Su nuevo horario sería de 18 hs. a 6 de la mañana, (más horas por la época crítica del año y además para salir a la calle con los primeros rayos de luz). Vengalina , junto con sus compañeros, comenzó a adentrarse en una pesadilla aún más terrible. Las noches no eran noches y los días no eran días. Su cuerpo iba en contra de la naturaleza. En las madrugadas, se escuchaban los aullidos de los perros hambrientos... Vengalina miraba hacia el techo, paredes, su espalda....de nuevo su espalda y seguía con sus batidos, con sus masas, sus tarteletas, tortas y postres... No lograba borrar de su cabeza la imagen de la planta baja en donde todo se hundía en tinieblas y cenizas...la oscuridad le daba escalofríos... El olor a hollín aun era intenso y molesto.Ya no disfrutaba de su trabajo y cada vez soportaba menos la actitud pedante y soberbia de su jefa quién la seguía observando indiferente desde la “pecera”. Por las mañanas, Vengalina llegaba a su lecho, cerraba persianas, vidrios y se desplomaba en su cama, pero no lograba conciliar el sueño. Vengalina temía por su resistencia física y mental; su piel tenía mal color.
Una noche de largo trabajo, Vengalina puso claras en la batidora y volcó el almíbar en forma de hilo. Mientras lo volcaba ya se había dado cuenta que algo había salido mal. Intentó hacer el merengue 7 veces más y ninguna resultó. “8 actos fallidos”, pensó Vengalina. “Esto me ha superando”, se dijo. Miró a su alrededor, se sacó los suecos de cuero "imitación reptil" color verde y los dejo a un costado. Se puso en la cabeza un colador chino que tenía a mano, tomó un batidor de mano y descalza se trepo a una de las mesadas de acero. Pastelina, con cabeza enfundada en acero , comenzó a dar batidorazos hacia adelante y hacia atrás, hacia adelante y hacia atrás...embestía al aire de una maneja ágil y veloz. Ninguno de sus compañeros la percibió. Todos siguieron indiferentes mirando hacia abajo.
Ésa madrugada la jornada de trabajo termino y Vengalina se fue caminando por la desolada calle sabiendo tres cosas: que su vida apestaba, que amaba a sus suecos verdes "imitación reptil" y que la noche siguiente le daría a su jefa un “pastel aleccionador”.

martes, 8 de diciembre de 2009

Los relatos de Pastelina. "El comienzo".


Pastelina tiene un don. Pastelina hace increíbles pasteles, postres y dulces. Vive sumergida en un mundo “Sweet”. Ya a sus 4 años manejaba habilidosamente el palo de amasar y con el batidor de mano agarraba velocidades inimaginables. Por las noches dormía abrazada a una latita vacía de unas galletitas Húngaras que su abuela le había traído de un viaje.
Pastelina, a sus 8 años de edad, descubrió en ella algo que fue mucho más allá de sus habilidosas manos.
Sucedió un 8 de abril de un año cualquiera.
Gisel, su burlona y dañina compañerita de grado, cumplía años. Su fiesta sería una "fiesta de disfraces".
Pastelina poco gustosa de las concentraciones de gente y, obligada por su madre, concurrió al festejo. Su disfraz: un gran y aparatoso merengue blanco. De regalo, llevó un pastel de los que “acostumbraba” hacer.
Los niños jugaban en el jardín de la casa; los mayores charlaban y bebían.
Pastelina se adentro solitaria en el jardín trasero de la casa. Camino un poco y otro poco y rápidamente el jardín se fue convirtiendo en bosque. Altos y frondosos árboles la rodearon. Pastelina miró hacia arriba y, por entre las copas de los árboles, pudo espiar un cielo anaranjado oscuro. Dio un paso y se topo con un árbol. Lo miró y pudo ver en la corteza, muy claramente, el contorno de una galleta, una gran y perfecta galleta. Dio otro paso y se topo con otro árbol; en él pudo ver un gran lemon pie con muuucho merengue. Miró hacia atrás… un tentador cañoncito de dulce de leche la contemplaba. Miró hacia el frente y lo vio a “él”, su “chocolatito”. El muchachín que quitaba sus sueños y que daba inspiración a tantas de sus creaciones dulces la miraba desde aquella corteza. Pastelina se sonrojo y corrió apresurada hacia la casa.

La madre de Gisel, el palo de la astilla de Gisel, entro a la cocina. Nadie estaba allí, solo se escuchaba un bullicio a lo lejos.
Pastelina llegó a la casa. Aún agitada, se acercó y se asomó por la ventana trasera; pudo ver la cocina. Pastelina vio a la madre de Gisel y se quedo allí observando silenciosa. La madre de Gisel prendió un cigarro y, con cuerpo tembloroso, se apoyó en la mesada de la cocina. “Maldito, maldito”, se dijo. Tomó la taza de café frío que había quedado servido desde la mañana y, con mano también temblorosa, bebió un sorbo. Del cajón de la mesada de la cocina, manoteó unas pastillas y se tomó tres. En un impulso de furia, su brazo arrasó con todo lo que había arriba de la mesada: empanaditas, vasitos plásticos, guirnaldas, cigarros, servilletas, whisky, velitas de cumpleaños. Con ojos llenos de ira y algo húmedos vio, un tanto borroso, el pastel de Pastelina . La mujer sintió una insoportable atracción hacia aquel pastel. Se olvido de todo, solo existían ella y el pastel, el pastel y ella. No pudo contenerse y lo tomó. Probó un trozo y otro y otro y otro…no paro hasta acabar con él. Su rostro sonriente, enchastrado de crema y merengue por doquier. Repentinamente la madre de Gisel se desplomó. Pastelina corrió en búsqueda de algún mayor. Supo que su pastel algo había tenido que ver. En los días subsiguientes, a la madre de Gisel, se la vio por el barrio un tanto perdida…extraña. Los médicos le diagnosticaron una “Perdida de la memoria” causada por un episodio traumático emocional. La madre de Gisel nunca volvió a ser la misma…afortunadamente. Un mismo cuerpo pero distinto ser. Su personalidad se volvió a forjar. Cada nuevo día era un nuevo aprender, una nueva oportunidad.
Con el correr de los años, Pastelina, comprobó una y otra vez el poder de sus pasteles en la gente de aspectos altamente negativos ante la vida y el prójimo. Sus pasteles los anestesiaba; los dejaba en un letargo de unos segundos. Al despertar ya no eran los mismos. Mismo cuerpo pero ningún recuerdo. Una nueva oportunidad, un renacer; una nueva vida dentro de sus vidas les había sido regalada. En ellos estaba la decisión de su nuevo caminar.
Por el contrario, Pastelina no podía olvidar. Sus recuerdos se mantenían tan frescos como si hubiesen ocurrido ayer. Su mente recordaba absolutamente todo, absolutamente todo; a veces el no olvido resultaba ser una carga muy pesada para ella.
Pastelina creció y un día, queriendo perfeccionar sus habilidades culinarias, entró a una escuela de gastronomía.
Pastelina se recibió.
Ya han pasado 10 años desde entonces. Pastelina ya ha transitado por un sin fin de cocinas "profesionales". Cansada de ver innumerables injusticias en el mundo de la gastronomía, cansada de ver cuan maltratada está su pasión, Pastelina, un día despertó y, sentada desde su cama, con cabellera más que revuelta, pudo ver su misión en esta vida: Ajusticiar al mundo gastronómico de sus habitantes nefastos. Pastelina ya está entre nosotros y sus irresistibles pasteles justicieros también….

martes, 24 de noviembre de 2009

Los relatos de Pastelina.


Prepárense… ya llegan los “Relatos de Pastelina Vengalina”.
Pastelina Vengalina ha llegado al apasionante mundo de los fuegos. Su misión: ajusticiar. Su arma: los pasteles. Si actuaste mal, ¡ten cuidado!; tus recuerdos pueden ser borrados en un instante. Tu ser ya nunca volverá a ser el mismo. Sin memoria tu vida estará en cero. Una nueva oportunidad te ha sido dada. Un nuevo comienzo para reivindicarte o para sumirte en el mundo de lo desechable. Su Karma: no poder olvidar…Su marca: un viejo amor. Su sueño: encontrar el amor.
¿Heroína?, ¿mujer?, ¿niña?, ¿profesional?. Pastelina Vengalina ya esta entre nosotros. ¡Estén atentos!.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Atención: próximamente, "Los relatos de Pastelina Vengalina".


Pastelina Vengalina ha llegado al apasionante mundo de los fuegos. Su misión: ajusticiar. Su arma: los pasteles.
Heroína para algunos, mujer para otros. Pastelina próximamente estará con nosotros.